martes, 19 de enero de 2010

Don't you ever touch me. My body is mine, honey.

Más excelentes capturas, esta vez de Holy Smoke. Éstas son buenas fotos, no muchas lucecitas fuera de foco o una mancha amorfa.























domingo, 17 de enero de 2010

jueves, 14 de enero de 2010

Embarazo so

Hoy iba viajando en el putísimo Batán desde la empresa a casa, y subió una chica. Gordita, la chica. Gorda, bah, bastante gorda. Los asientos, todos ocupados. Mientras la chica avanzaba hacia el fondo, agarrándose del caño más alto de modo que se le levantaba la remera y su voluminosa barriga brillaba bajo el sol de enero, una señora le hacía señas, entusiasta. "Ay, sentate, querida, sentate", le decía la señora, mirando con ternura los pliegues de grasa abdominal de la chica. En ese momento, mientras la señora se paraba, pude ver, como si la frente de la chica fuera transparente, la encrucijada que se había formado en su cerebro:
-Si le digo que no, que no estoy embarazada, por lo menos la vieja que está al lado se va a dar cuenta de que confundieron los postres que me vengo comiendo desde el 94 con un feto del tamaño de una ballena asesina madura. Si la mando a cagar como se lo merece, directamente se entera todo el colectivo. Si me hago la pelotuda y me siento, es probable que la mina me haga preguntas pelotudas sobre el embarazo. Por otro lado, tengo un largo viaje hasta Batán. ¡Hacerse la pelotuda mode, on!.
"Gracias, señora, gracias".
No le hizo preguntas sobre el embarazo, pero antes de bajarse le dijo "Te felicito, querida". Y podría jurar que en ese momento la chica captó mi mirada y se sonrió conmigo.

Y el Patético Award va paraaaaaaaaaaa...

Ayer un antiguo amor llamó a mi puerta. Bueno, no. Me llamó por teléfono, y me habló con una voz que decía: "Veámonos. Tomémonos un café".
¡Ja!, pensé yo. ¡Ja!. Esta es mi oportunidad. No para conquistarlo. No, no. No para vengarme, tampoco. Era mi oportunidad de que me vea, años más tarde, más joven que él, más apuesto que él, más exitoso que él; que me vea seguro, sin esa cosa trémula, lastimosa, como de disculpa, que tenía cuando yo estaba enamorado de él y él se divertía explotando mi excepcional predisposición a ser emocionalmente estafado. "Esta es mi oportunidad". Ese día salí temprano del trabajo, me bañé y me acicalé con esmero, abrillanté mi cabello, perfumé mi cuerpo, me llevé un libro interesantísimo que fingiría estar leyendo si él llegaba más tarde, me aseguré de recibir por lo menos dos llamados durante la cita, y salí, con aire triunfal, y sí, quizás un poco vengativo; y sí, quizás un poco seductor. "Cuando venga, le voy a hacer ese chiste buenísimo sobre la vieja y el ascensor", pensaba con una risita ganadora, mientras me sentaba a una mesa cerca de la ventana, en el café.
Nunca vino.
Me dejó plantado.