jueves, 19 de enero de 2012

Me puse a pensar violentamente en vos y me sorprendió darme cuenta de que no lo hacía desde hace, qué, ¿dos semanas? Por ahí para vos es poco, porque, de hecho, es probable que no hayas pensado en en mí con tanta frecuencia desde hace años (si te insinúo la pregunta a modo de acusación, seguro hacés un ruidito con la lengua y me retás, pero no me contestás de verdad).

Que sos la persona que más quise en mi vida, lo sabés. Yo lo supe siempre, y no lo supe más por el hecho de estar lejos, una vez que se terminó todo; no fue una romantización (si existe esa palabra) producto de la nostalgia y de la distancia. No. Lo supe cuando estábamos juntos, me lo decía esa necesidad física de estar con vos, que no volví a sentir por nadie. Esa certeza me asustó mucho durante mucho tiempo. Sentía que era algo que debía superar. Me asustaba la idea de no poder querer así a alguien más. Hoy sé que no voy a querer así a nadie más, y está bien. Por primera vez hoy puedo abrazar esa idea con aceptación. No voy a querer de nuevo así, pero puedo querer distinto. Quizás hasta me pueda hacer mejor, quién sabe.

¿Alguna vez me hiciste bien? Pienso en tantas tardes perfectas, en tantos días de sencilla felicidad al lado del otro; pienso en el lenguaje que creábamos y que sólo nosotros entendíamos; como si tuviéramos una llave para entrar a un lugar al que nadie más podía entrar; me acuerdo de esos abrazos fuertes, cada vez más fuertes, como si quisiéramos meternos adentro del otro. Me acuerdo de todas esas cosas y me cuesta decirme que no, que me hiciste mal. Pero es que había dos personas en vos. A veces me hacías sentir tan juzgado... Pronto aprendí que había cosas que no podía contarte, que no podía compartir con vos, porque te cerrabas a lo que te estaba diciendo, porque me fulminabas con silencio. Aprendí a ser selectivo en cuanto a lo que te mostraba de mí, y te odio por eso, porque es algo que nunca pude dejar de hacer, y es lo que más odio de mí: esa necesidad enfermiza de decir y hacer para agradar al otro.

Nunca terminé de entender qué fue lo que pasó. Sé que te lo pregunté mil veces, pero no creo que nunca me hayas respondido de verdad. Bueno, sí. Una vez me dijiste que yo pertenecía a un tiempo de tu vida en que no te gustabas, y que estar conmigo te llevaba a lugares que te hacían sentir incómoda con vos misma, lugares que preferías dejar atrás.

¿Y si fue más simple? ¿Y si un día te diste cuenta de que estabas enamorada de tu mejor amigo gay, y que si querías tener una vida normal tenías que alejarte y enamorarte de otra persona? Normal es una palabra que nombraste mucho durante ese tiempo, como algo deseable, algo a lo que aspirar. Tal vez es por eso que odio esa palabra, ese concepto. No, en serio, tengo serios problemas ideológicos con esa palabra. Pero ojo, quizás esté equivocado. Quizás nunca estuviste enamorada de mí, y leer eso te moleste o te produzca inquietud. Si es que alguna vez lo leés. Una vez me dijiste que leías mi blog. Me acuerdo perfectamente, porque nunca después pude volver a escribir un post sin pensar en vos, y en qué pensarías cuando lo leyeras. También me dijiste que habíamos sido novios, no amigos. Me lo dijiste hace poco. Y eso me hizo muy bien. Como si alguien me dijera que no estoy loco.

Yo no tengo dudas de que estuve enamorado de vos. Estoy enamorado de vos todavía. Me producís una fascinación que nadie más me produce. Creo que esa fascinación tiene que ver con el hecho de que, cuando te tengo enfrente, siento que conozco más de vos que de cualquier otra persona en el mundo, te miro y te veo por dentro como quien se piensa en silencio a sí mismo, y sin embargo, siempre hay algo que no conozco, algo a lo que no llego, algo, que, quizás, nunca muestres a nadie, ni a vos misma.

Hoy me gusta verte. Por supuesto que no es lo mismo que era antes. Ahora nos tenemos que sentar y hablar de cómo son nuestras vidas sin el otro, cuando antes era pasar la vida juntos. Tenemos que hablar de cosas, y jugar a que son cosas importantes que el otro necesita saber. Nunca podemos hablar de esto. Lo podemos hablar por chat, por mail. Pero no lo podemos hablar en persona. Contame, ¿vos por qué no podés? Yo no puedo porque no lo soportaría. Porque me pondría nervioso, me pondría a llorar, porque no me saldrían las palabras. Pero al menos sé que puedo tomar un café con vos una vez cada mucho, contarnos de nuestras cosas, cerciorarme de que estás bien, de que sos feliz, de que te cuidan.

Creí que nunca te iba a perdonar por sacarme de tu vida. Hoy lo estoy intentando (no te prometo nada). Creo que me haría las cosas más fáciles saber que no me querés. Pero creo que sí me querés. Aún con mis inseguridades, con mis miedos, hay una parte de mí sabe que me querés mucho. Lo siento. Cada vez que nos encontrábamos me dabas esos abrazos que me lo decían. Hoy me los seguís dando, pero sólo si cuando nos encontramos estamos solos. No sé si podrías caretear frente a tu novio o frente a otras personas un abrazo así, un afecto así, después de tanto tiempo lejos. Después de todo, acordate que nadie entiende lo que fuimos, lo que somos. Sólo nosotros dos. No tengo la necesidad de contarle a nadie sobre vos. No hace falta. Y no entenderían, porque, para empezar, yo no podía explicarnos. Es tan loco... pasé horas y horas de mi vida hablando con tantos amigos sobre tantos dolores viejos, tantas personas que ya no importan o nunca importaron. Y sobre vos no hablé con casi nadie.

Ya superé la etapa en la que forzaba las cosas para tener una relación de amigos "normal" con vos, y conservarte en mi vida de alguna manera: sorber café al lado del otro una vez por semana y ponernos al tanto de las novedades de cada uno y de los conocidos en común que no importan. Pero hoy entendí lo que vos siempre supiste: nosotros no podríamos ser eso. No podríamos sostenerlo. Hay muchas cosas muy intensas en el medio. Sería una mentira.

Hoy empiezan a desaparecer los rencores, las preguntas obstinadas, el dolor por lo que terminó, y hasta el deseo de saber nada, de intentar nada, de revivir nada. Ahora sólo quedan recuerdos perfectos, que me conmueven, que me hacen, que me traen al cuerpo ese amor como si fuera hoy, y la apacible certeza de que te voy a querer siempre. Y no duele.

sábado, 10 de julio de 2010

Gurú del desamor

A todo el mundo alguna vez le pasa: nos enamoramos de una persona que nos ignora e interpretamos su indiferencia (retorcidamente y para nuestro inmenso perjuicio emocional) como una compleja muestra de interés. Si no te mira, le da vergüenza. Si te mira como si fueras un sorete gigante, es sólo un juego para llamar tu atención. Si está con otro, es para darte celos. Si no te contesta un llamado o un mensaje, es parte de una estrategia para enamorarte (¿qué estrategia es esa?, ¡vamos!).
Esto está mal. Tenemos que aprender a lidiar con el rechazo. Tenemos que aprender a decir: "Si esta persona no me mira o me mira cual a un sorete, está con otro y no me contesta los llamados, evidentemente le chupo un huevo".

-Ay, pero el otro día puso "Me gusta" en una foto en la que aparezco, en facebook!.

Bueno, bueno, bueno. Con qué poco hemos llegado a contentarnos. ¿Son esas las muestras de interés que merecemos recibir a cambio de nuestro amor patético esmerado, incondicional?.
Y además, date cuenta: estás rodeado de cinco amigos que están todos más buenos que vos en la foto.



-Bueno, pero el otro día me dijo algo rarísimo, claramente para provocarme. Me pidió que le recomendara un telo. ¡Cualquiera!. Eso es un palo.

A ver. ¿Te invitó a cojer a un telo?. No. Mientras te hablaba, ¿guiñaba un ojo, te hablaba a un centímetro de distancia con sus brazos enroscados firmemente alrededor de tu cuello o sus manos sobre tus caídos glúteos?. No. ¿Te das cuenta?. No sólo no quiere cojerte, sino que te utiliza para que le recomiendes un lugar donde cojer, desenfrenadamente, con otra persona.



-Pero, el otro día iba caminando detrás de él/ella y dejó caer un boleto de colectivo. ¿No querrá que sepa qué colectivo se toma?.

Bueeeno, bueno. Locuras.



-Pero siempre me habla por messenger.

Y me imagino que te saluda primero.

-Bueno, no, pero.

No más preguntas, su señoría.



'Pero el otro día me dijo que me quería!.


El otro día te dijo que te quería, en un boliche, a las cinco de la mañana, en deplorable estado de ebriedad, llamándote por otro nombre y echándose un vómito a tus pies acto seguido.



Nos nos engañemos más. Asumamos el rechazo. Seamos capaces de ver que el otro no nos quiere, que el otro no nos desea, que no somos gustados, que no somos esperados, que no somos deseados. Seamos capaces de discernir entre un gesto de amor, una muestra de indiferencia, y la más ostentosa prueba de desprecio. No veamos segundas intenciones en una mirada fría. No leamos con ternura saludos mezquinos dichos por compromiso. No nos acostumbremos a esas migajas emocionales. Exijamos un pan delicioso, generoso. Si te quiere te va a llamar, y si no te llama, no es por ningún otro motivo que porque no le interesa hablar (ni mucho menos construir una relación) con vos.


domingo, 30 de mayo de 2010

Posibles motivos por los que no levanto en los boliches.

-Porque no estoy bueno.
-Porque soy miope. En realidad, todos me miran con ganas de poseer mi cuerpo, pero interpretan mi indiferencia como una negativa (desconociendo cuán desesperado estoy en verdad.)
-Porque huelo a aliento.
-Porque me quedo estático mirando al vacío en el medio de la pista, y piensan que estoy bajo los efectos de algún estupefaciente.
-Porque huelo a axila.
-Porque me cuelgo mirando cómo las parejas se besan y la gente piensa que sólo estoy en búsqueda de tríos.
-Porque huelo a pie.
-Porque mi cara de orto, producto de la escucha continuada de música electrónica que me recuerda al pacman, no invita.
-Porque huelo a pedo.
-Porque el carácter romántico de mi corazón se trasluce en mi rostro, ahuyentando a aquellos que no miran hacia el faro del amor, sino en dirección a las sudadas paredes contra las cuales quieren practicar sexo anónimo.
-Porque huelo a ingle.
-Porque alguien que no agita el poto como si se hubiera sentado sobre un hormiguero con el último remixe de Madonna no está bien. Es anormal y posiblemente peligroso.
-Porque huelo a cuero cabelludo.
-Porque soy tan lindo que temen ser rechazados con una sola mirada incendiaria. (No).
-Porque huelo a poto.

martes, 25 de mayo de 2010

Los ex

Ex: Anterior, fuera de, separado de.

Qué tema la gente que sigue en relaciones con el ex. Que sigue en relaciones... sexuales, con el ex. O que sigue manteniendo un vínculo de "amistad" con el ex. Amistad... ¡Por favor!. Si hay algo menos probable que el amor después del amor, es la amistad después del amor.
¿Cómo explicarlo de manera clara?. A ver. Cuando uno se come una galletita... de limón, y no le gusta... no se come otra. Fue una mala experiencia, ¿verdad?. Saboreaste la galletita, hiciste una mueca al sentir el sabor a limón Marolio en botella, se te pegó al paladar la masa grasosa. Fue una mierda comerte esa galletita. ¿POR QUÉ TE COMERÍAS OTRA IGUAL?. Con los ex es lo mismo. Estuviste con esa persona, tuviste una relación con esa persona, conociste a esa persona, te garchaste sistemáticamente a esa persona durante meses o años de tu vida. Y aún con toda la tentadora comodidad que implica perpetuar una relación, decidiste que esa relación no te satisfacía. Y saliste de esa relación, y por ti celebro. Escupiste esa galletita, te diste cuenta de que te merecías una galletita más sabrosa, una galletita mucho más deliciosa. Lo mismo ocurre con las relaciones. ¿Por qué volverías a darle una oportunidad a una relación que no funcionó?.
Las relaciones que no funcionan la primera vez, no funcionan una segunda vez. Chicos, piensen: ¡¿Por qué lo harían?!. Son las mismas personas y las mismas incapacidades de consensuar. Su aliento a leche cortada es el mismo; su buzo sucio que te avergonzaba ante tus amigos es el mismo. ¿Por qué ahora sí funcionaría una relación que ya fracasó?. ¿Qué te hace pensar que ahora sí te va a gustar la sucia, mohosa, rancia, agria, regurgitada galletita de limón? O es que quizás... ¿tenés hambre y esa fétida galletita de limón es todo lo que tenés para comer?. Es que acaso... ¿no tenés dinero para comprar una galletita de chocolate?. ¿Es que acaso, queridos amigos, no tienen a nadie más con quién estar, y es por eso que se abalanzan sobre el ropero en busca de cadáveres pestilentes y llenos de pústulas asomando entre la ropa vieja?. Lo que están haciendo es aberrante: se llama necrofilia. Están cojiendo con un muerto. Eso no está bien, no es divertido, no es sano, no habla bien de ustedes. Ustedes mataron a alguien... y después se cojieron al cadáver.
"No, en serio... somos amigos".
Ay, por favor. ¿De qué amigo me estás hablando?. Amigo es otra cosa. Amigo es al que deberías llamar para despotricar en contra de tu ex como hace la gente sana que entiende que el vínculo con sus ex termina en tanto y en cuanto pasan a ser sus ex.
Ex. Anterior. Separado de. Fuera de.
¿Cómo podés ser amigo de alguien que te acabó en el pecho o te pasó las tetas por la cara?.

¿Qué cosa más retorcida hay que contarle de tus relaciones a una persona con la cual, por un tiempo, aún si fue ilusamente, pensaste que estarías para siempre?.
Pero yo entiendo. Es una compañía. Crea la ilusión de que no estamos solos. Es mejor, pensamos, esta forra galletita de limón... que una pelusa de ombligo, que la nada.
Pero no. No.
No.
Porque ¿qué pasa si vos te comés el paquete de galletitas, todo el paquete del orto de esas galletitas de mierda de limón Marolio, y resulta que alguien te estaba esperando para cenar con dados de pollo fritos rebosados con almendras y cereales y mermelada de cebollas con azucar negra y miel, y ya no tenés apetito porque un cuarto de kilo de grasa saborizada te cerró el estómago?.
¿Qué pasa si, por temor a estar solo, y en un censurable acto necrofílico sacás un cadáver del armario y te ponés a jugar a la casita con el muerto, sólo para terminar decepcionándote como la primera vez, y, con el ruido de renovados llantos de odio y frustración, no escuchás el llamado del amor a tu puerta?.

Chicos. Si una relación terminó, ¡JA!, es porque ustedes la terminaron porque tenían las pelotas más infladas que la próstata de Zulma Lobato. Y si fue la otra persona quien decidió terminar con la relación, ¿qué sentido tiene darle otra oportunidad a una persona que una vez decidió que no fuimos lo suficientemente importantes en su vida?. ¿Por qué lo seríamos ahora?. ¿Somos mejores personas? ¿Recurrimos al bisturí?. ¿Fuimos favorecidos con una herencia inesperada?. ¡No!.

Entonces, por favor. Ya habrá cookies, polvorones, y en contexto del bicentenario, quizás pastelitos. No se avalancen sobre vomitivas masas viejas.





viernes, 7 de mayo de 2010

Me puse serio, pero es que no se puede creer.

Recién miraba en el noticiero una de esas notas en que el reportero sale a preguntarle a la vecina con ruleros, al taxista con el brazo bronceado, a la colegiala mascadora de chicle y al anciano con Alzheimer qué opinan acerca de cosas sobre las que generalmente no tienen ni la más pálida idea. En esta ocasión, entrevistaban a la gente sobre la media sanción con la que mis lectores ya están familiarizados. Luego de pedir que se le recuerde de qué iba la media sanción, un viejo agonizante dijo que él va a sostener hasta su muerte que los homosexuales son enfermos mentales, que dios les dio un sexo y que lo tienen que respetar (?) y "no realmente ir en contra de eso". "Bueno", pensé yo, "dado que tu muerte es inminente, no seguirás odiando por mucho más tiempo".
¡Por favor!. Tienen un pie en la tumba y otro en la cáscara de banana, y se permiten seguir escupiendo bilis.

A mí no me entra en la cabeza cómo todo este asunto del matrimonio entre personas del mismo sexo puede estar sujeto a un debate; cómo puede haber sido necesaria tanta lucha, tanta espera y tanta burocracia para algo tan constitucionalmente básico como que dos personas puedan firmar un contrato que no afecta a nadie más que a ellos. ¿Qué clase de persona puede estar en contra de que dos seres humanos institucionalicen sus derechos y obligaciones para con el otro?. Porque, seamos francos, que romanticismos apartes, el matrimonio es eso. Es un acuerdo legal entre dos personas. ¿Qué importa si una de ellas o ambas son homosexuales, bisexuales, transexuales, Leevon Kennedy, sadomasoquistas, o si les excita masturbarse viendo fotografías de Santo Biasatti?.

La diputada Cynthia Hotton dijo que hay que consultarle al pueblo argentino si está a favor de la ley, porque es una ley para el pueblo. Yo pregunto: ¿Por qué habríamos de consultarle a una mayoría heterosexual si están de acuerdo en que una minoría pueda acceder a un derecho que ellos ya tienen, que nadie va a quitarles, y sobre todo, cuya extensión al conjunto de la población no puede afectarlos?. ¿Qué prentenden, que antes de echarnos un meo le pidamos permiso a un heterosexual también?.
Si la extensión del matrimonio a las minorías sexuales afectara la validez de las uniones entre heterosexuales, o si impactara de forma alguna sobre cualquier orden de la vida de estas personas, a aquellos que están en contra de la ley se los podría tildar solamente de egoístas. Pero como esta extensión de la que hablo ni invalida las uniones entre heterosexuales ni altera ninguno de los órdenes de su existencia, quienes están en contra de esta ley no deben ser acusados de egoísmo, sino llanamente de autoritarismo, porque su negativa es irracional, porque carece de fundamentos legales, sociales y morales y porque tiende a la coerción de la libertad.

Como dijo el diputado Ricardo Cuccovillo, la familia es una construcción cultural y flexible; la familia como la conocemos hoy no es la misma que existía hace cincuenta años, o mil años. La familia no es ni un determinismo biológico ni un mandato divino. La tendencia conservadora y tradicionalista de ver la familia como una institución sagrada, eterna y estática es necia e insostenible. Para los nostálgicos que se rasgan las vestiduras por el temor a que se derrumbe el modelo de familia en el que se criaron: acéptenlo; la familia debe cambiar conforme cambia la sociedad, su visión del mundo y sus necesidades.

Por último, yo quisiera preguntarle a la diputada Hotton, que se horrorizó públicamente imaginando un niño criado por una familia homosexual, qué piensa que ocurrió con el carácter sagrado y virtuoso de los matrimonios "normales", para que todas las semanas nos enteremos que hay niños golpeados, abandonados y violados por sus padres heterosexuales.

Hace un tiempo vi en televisión una entrevista a un grupo de cartoneros donde decían no es inusual encontrar bebés muertos en las bolsas de basura. Pero lo que horroriza es imaginar a un niño en una familia homoparental.

domingo, 2 de mayo de 2010

Se busca chico para noviazgo


Chico de 18 12 a 25 76 años, se busca para formar vínculo romántico estable, monogámico y duradero. Requisitos: que esté dispuesto a (y sienta inquietud por) realizar las siguientes actividades:

-Ir a buscar moras al bosque.
-Comer moras escuchando Belle & Sebastian.
-Ver películas de los 50 cuando llueva.
-Domir siesta cuando llueva.
-Andar en bicicleta por la Sierra de los Padres.
-Ir a sacar fotos de ruinas y edificios olvidados y oxidados.
-Intentar acampar junto a carteles de Prohibido Acampar.
-Viajar sin plata.
-Cocinar galletitas usando recetas que sacamos de internet.
-Invitar amigos a tomar el té y comer galletitas que hicimos.
-Ir a playas deshabitadas en invierno.
-Hacer muecas graciosas.
-Tener un proyecto musical pretencioso.
-Contarnos cosas que no le contaríamos a nadie más.
-Emborracharnos.
-Juntarnos a estudiar y no estudiar.
-Abrazarnos porque sí.
-Ir a ferias americanas en busca de camisas y bufandas mullidas para el invierno.
-Intentar hacer submarinos de chocolate blanco.
-Hacer fiestas karaoke en casa.
-Trasnochar viendo videos en youtube.
-Mostrarle al otro la música que no conoce y aguardar nerviosamente el veredicto.
-Ir a tiendas de vinilos aunque el tocadisco que tenemos ya no funciona.
-Salir a las doce de la noche a buscar un lugar abierto que nos suministre de golosinas; discutir sobre cuáles llevar; leer los poemas de los Dos Corazones y reírnos.
-Salir a correr y probablemente terminar caminando y volviendo en bondi con una bolsa con facturas en mano.
-Ir a recitales de Lisandro Aristimuño.
-Bailar pegados es bailar.
-Hablar de Harry Potter como nerds.
-Dibujar paredes y muebles.
-Discutir sobre la existencia del alma y de las vidas pasadas.
-Contar historias de terror y de gente que jugó al juego de la copa y murió, y terminar asustados diciendo: ¿escuchaste ese ruido?.
-Ir al festival de cine y llevarnos sanguchitos en el bolso, aunque no se puede.
-Jugar a pegarnos y no respetar las reglas.
-No respetar las reglas.

martes, 20 de abril de 2010

Los máximos clichès del celuloide liviano

¿Demasiado tiempo libre?. ¿No te gustaría emplearlo en una actividad creativa, como la elaboración de un guion cinematográfico?. ¿Qué?. ¿Que no tenés talento?. ¿Qué decís?. ¿Que sos poco imaginativo?. ¡Más bien serás ignorante!. No necesitás talento ni imaginación si seguís sin parpadear la guía de escenas prefabricadas que compilé para vos.

1) El héroe o heroína aparece en su estado más lastimoso al comienzo de la cinta. Pérdida del ser amado; llanto bajo la lluvia; llanto sentado en el cordón de la vereda bajo la lluvia; llanto sentado en el cordón de la vereda bajo la lluvia luego de haber perdido al amado; llanto sentado en el cordón de la vereda bajo la lluvia después de haber perdido al amado, frente a la casa del amado. Todas son buenas opciones. Por supuesto, el ser amado del principio de la película es cruel, frío y poco carismático, y será eventualmente reemplazado por otro, que brillará en comparación.

2) Un mejor amigo fiel (sarcástico y gay si el personaje principal es mujer, y bonachón, chistoso y mujeriego si el personaje principal es hombre) es menester para sacar a nuestro protagonista de la miseria. Este amigo fiel se convertirá en el mentor del abatido protagonista. Y para combatir la depresión, nada mejor que salir de compras.

3) Esta es una oportunidad perfecta para introducir la obligatoria escena del cambio de vestuario. El protagonista aparecerá frente a un espejo con muchos atuendos distintos, muchos de ellos ridículos y poco probables, como un tutú, un disfraz de Snoopy o un traje de carnaval, hasta que finalmente encuentre aquel atavío que arranque una sonrisa y un dos-pulgares-arriba del amigo afeminado-ácido o del amigo regamba-fanáticodelbaseball.

4) Nuestro protagonista ya está en buena forma. Es hora de que se divierta. "¡No iré a la fiesta!", dirá, terco. "¡No iré! ¡No iré a la maldita fiesta! No, señor." Siguiente escena: en la fiesta.

5). Puede que nuestro protagonista aún se muestre renuente, pero en el fondo, ya está dispuesto a vivir un nuevo amor. ¿Cómo ha de encontrarlo?. ¿En el supermercado, al tomar la misma cebolla de verdeo del sector de verduras, e intercambiar un roce estremecedor y una mirada profunda? ¿Al doblar una esquina y chocarse de frente produciendo el colapso de un gran cargamento de carpetas, portafolios y papeles? (Oh, por favor déjame ayudarte. Oh, cielos.). ¿O es que.. nuestro protagonista ya conocía a la persona a la que estaba destinado? ¿Puede hoy ser el día en que la vea bajo una nueva luz? (Vaya, Mark, nunca supe que a ti también te gustaba el helado de fresa. Cielos.).

5) El primer beso, sin embargo, tendrá que esperar. Porque cuando los labios de los amantes se estén por unir en un ósculo apasionado por vez primera (en el porche de la casa de ella, luego de haber hablado al unísono un par de veces, y reído nerviosamente), sonará una corneta, les pasará una bicicleta por encima, se estrellará un avión sobre las Torres Gemelas o aparecerá el amigo super-dicharachero-con-bicera eructando ruidosamente.

6) Eventualmente, sin embargo, el beso se producirá, y estará seguido por una secuencia de imágenes de los protagonistas regocijándose en su amor, a ser: protagonistas dándose de comer helado de fresa en la boca; protagonistas brincando por el prado; protagonistas correteando por la playa esquivando las olas; protagonistas arrojándose bolas de nieve; etc.

7) Con el tiempo, habrá un malentendido, y el enfrentamiento se producirá en un lugar concurrido. Un baño público, una tienda de mascotas, una boda: cualquier sitio donde una masa de gente se conglomerará a oír la discusión de los protagonistas, y tomará partido ("Se lo merece", "Oh, es una perra".). El malentendido será finalmente aclarado y terminará con una declaración y demostración pública de afecto, entre aplausos, vítores y llanto.

8) Por supuesto, lo bueno dura poco. El amado debe irse. Recordemos que en las películas, como en las canciones, las relaciones no terminan, simplemente. La gente se va. Físicamente se va a otra parte. Pero es aquí que el personaje número 1 decide que ama demasiado al personaje número 2 para dejarlo ir y literalmente corre a su encuentro, clamando su nombre. Y por un momento, vemos alejarse el tren, el avión, la carreta, el helicóptero o el barco, y una lágrima traidora delata nuestra emoción. Pero, ¿puede ser... puede ser ese que está allí sentado... nuestro protagonista? ¿Nuestro protagonista, que no tomó el tren, el avión, no se subió a la carreta, o al helicóptero o zarpó con el barco?. En efecto.

9) Finalmente, un método infalible para relajar la tensión del climax y finalizar la película en una nota amable, es poner a los protagonistas a enumerar todas las pequeñas cosas que aman del otro. Por ejemplo: "No hay nada que no ame de ti. Amo la forma en que te sacas los trozos de cereal de las muelas con el meñique y luego los vuelves a comer. Amo el olor de tu saliva en mi almohada. Yo sólo... oh, Dios, Jessica. Amo como tu voz a la mañana me recuerda a la de mi padre."

10) Colorín-colorado.